jueves, 30 de octubre de 2014

boquita de berenjena


Siempre la he considerado entre los vegetales más atractivos físicamente. Por  lo liso de su piel (cáscara), por su forma rebelde, por su consistencia, por ser diferente y llamativa en su color. Un ingrediente que nunca se lució en la cocina familiar. Así que era solo de vista y no de consumo. Cuando la probé la rechacé. No me gustó. La razón era que no estaba bien preparada.

Una vez inclinado por cocinar y aventurarme a hacer cosas nuevas y probar sabores extras le di la oportunidad. Así llegó a mi cocina. Lo primero es aprender a manipularla y ver las tantas opciones que se pueden hacer con ellas. De ahí lo primero saber que es amarga por sí misma. Y debes tolerar este sabor para que te guste. Contrarrestarlo se hace partiéndola y dejándola reposar en agua por unos 20 minutos. En el agua queda el extra amargo de su sabor. También rociarla partida con sal y así emana su látex.

Curiosamente asada, al horno no requiere este proceso. Simplemente se cocina y sabe a lo que debe saber. A Berenjena!. Una de las preparaciones que más acostumbro por facilidad, sabor y resultado de presentación es en pastel, tipo lasaña. Sobreponiendo capas de láminas del vegetal, alternando con salsa de tomate y quesos. Se gratina al horno y es delicioso! La receta que les comento puede detallarla AQUÍ.

Pues bien.  Regresando de la feria del Agricultor un fin de semana,  llegaron a casa dos bellas y perfectas berenjenas. Delgadas sí, pero sanitas. De inmediato pensé en alistarlas para repetir la lasaña con ellas. Las partí en rebanadas, las puse en agua y sal, las escurrí y sequé, condimenté y sellé en un sartén. Ya era nada más casi de armar el pastel. Una cosa u otra fue atrasando la labor y al final las terminé colocando en un recipiente tapado y las metí en refrigeración para “hacerlas más tarde”. Ahí quedaron. Conservadas y frías.

Cuando el “más tarde llegó” ya era tarde. Ya no había tanto tiempo de pensar en horno, de reposo y el hambre “apretaba”. Si era fin de semana, tampoco urgía de una comida completa. Hasta unas bebidas con lúpulo, cereal y malta estaban tan frías, como la berenjena allá en la refri metida. Era más fácil empezar a picar boquitas, que ponerse a hacer más comida.



Qué hay de comer? Tortillitas tostadas, unas latas de atún, paquetes de maní y las berenjenas heladas. Sáquelas también!. Se comen calientes? Pues era la idea, además que ya estaban precocidas. Al microondas por 30 segundos fueron a parar, apenas para espantarle el frío. Cada rebanada sobre una tortillita frita. Un poquito de salsa de tomate tipo ranchero, sí de paquete y el queso mozarella que sería lo que uniría al pastel, terminó repartido al coronar la boquita de berenjena, que nacía en el repertorio de mi cocina. 


2 comentarios:

Olga Riofrio dijo...

Un vegetal delicioso.
Te felicito se ve deliciosa la receta.
Saludos
Olguis.

Luis González dijo...

Gracias Olga por pasarte por mi página. Saludos y sí, un rico vegetal.